Por Salvador Di Stefano. Parecería que el dólar dejó de ser objeto de deseo, el Banco Central baja las tasas y esto favorece a un instrumento financiero que mucha gente desconoce.

El Banco Central bajó la tasa de política monetaria al 80% anual, esto implica una tasa efectiva del 116,9% anual, frente a una tasa de inflación que nuestra consultora proyecta a marzo del año 2025 en el 133,1% anual. Esto implica que, el pasivo remunerado del Banco Central, crecerá por debajo de la inflación esperada. La tasa de devaluación la proyectamos en el 108,9% anual, lo que implica que la tasa que paga el Banco Central sería positiva contra la moneda americana en un 3,8% anual. 

En cuanto a los plazos fijos, se liberó la tasa que pagaran las entidades, por lo tanto, la oferta y demanda definirá el mercado. Como los bancos no necesitan depósitos el mercado se armó en torno a una tasa nominal del 75% anual, que implica una tasa efectiva del 107,0% anual, esta tasa es menor a la inflación proyectada, lo que implica una tasa negativa del 11,2% anual.  

Los plazos fijos tienen una tasa negativa de dos dígitos, y los bonos en pesos ajustados por inflación tienen tasas negativas de un digito, como es el caso del TX26 que rinde – 7,6% anual y el TX28 que rinde el -5,0% anual. Esto implica que en lugar de hacer un plazo fijo es mejor invertir en este tipo de instrumentos financieros, que tienen una tasa negativa inferior frente a la inflación. Para comprar un bono ajustado por inflación y que tenga tasa positiva tenemos que comprar el DICP que vence en el año 2033 y tiene una tasa positiva del 2,2% anual frente a la inflación. 

Los bonos en pesos ajustados por inflación han mostrado un comportamiento positivo en pesos y en dólares, dado que el dólar hoy cotiza en similares valores a los que tenía a principio de año. Por ejemplo, el dólar MEP valía el 30 de diciembre $ 995, y en el día de ayer cerró en $ 1.012. 

La dinámica del mercado de capitales nos ha dejado como resultado grandes utilidades en lo que va del año 2023, por ejemplo, el AL30 valía al 30 de diciembre U$S 37,85 y en el día de ayer cerró en U$S 47,78, lo que representa una ganancia en dólares del 28,9%. El bono AE38 al 30 de diciembre valía U$S 39,92, mientras que en el día de ayer cerró en U$S 42,52 lo que implica una ganancia del 2,5% anual. Esto implica que los bonos cortos superaron holgadamente en ganancias a los bonos largos que tienen mayor pago de rentas. 

El índice merval en dólares cotizaba a fin de año en U$S 940,4 y en el día de ayer en U$S 997,4 lo que implica una ganancia del 6,1%.

En lo que va del año, las grandes utilidades se obtuvieron en los bonos en pesos ajustados por inflación, y en los bonos soberanos en dólares de corto plazo, mientras que los bonos largos y el índice merval tuvieron rendimientos favorables, pero no con grandes diferencias. 

Lo que viene, lo que viene

Si el gobierno nacional desea conseguir financiamiento externo deberá trabajar para bajar el riesgo país, los bonos en dólares deberían mostrar una tasa interna de retorno que se ubique entre el 15% y 18% anual, lo que dejaría a los bonos como el AL30 y AE38 con ganancias superiores al 30% anual. 

Las acciones deberían despegar a la suba, sin embargo, la amenaza de una corrección a la baja en la economía americana hace que el mercado siga en recorrido lateral en un rango entre los U$S 1.000 de techo y U$S 900 de piso con amplias posibilidades de corrección. 

Los bonos en pesos ajustados por inflación siguen siendo una excelente inversión, su valor técnico corre al ritmo de la inflación, y sus paridades acompañan la suba, no deberíamos descartar que todo desvió en los precios les dará a estos títulos la oportunidad de potenciar crecimiento. 

En resumen, parecería que el mercado está del lado de los pesos ajustados por inflación y los bonos soberanos en dólares de corto plazo, el resto pasa desapercibido dentro de una tendencia general de negocios atractiva, pero un tanto amarretas en materia de utilidades. El dólar ya no es deseado como en el pasado, la oferta en el mercado es muy alta, producto de la recesión, las exportaciones y el Bopreal.

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