Por Bernarda LLorente.

Son días ajetreados en el Vaticano, como casi todos los de los últimos diez años de un Papado que despertó estructuras aletargadas para ponerlas a caminar al ritmo que exigen estos tiempos. Sus respuestas e iniciativas no sólo contemplan la complejidad de un mundo en movimiento con o sin brújula, sino también las acciones necesarias para superar una crisis civilizatoria que permita mejorar el presente y construir otro futuro.

En el Sínodo que transcurre en estos días –un ámbito de escucha y reflexión al interior de la Iglesia– el Papa Francisco apela “a la mirada de Jesús que bendice y acoge para no caer en algunas tentaciones: ser una Iglesia rígida, que se acoraza contra el mundo y mira hacia el pasado; la de ser una Iglesia tibia, que se rinde ante las modas del mundo; la de ser una Iglesia cansada, replegada en sí misma”.

Al promediar el encuentro, Francisco señala: “Creo que el diálogo no puede ser solo nacionalista, es universal, sobre todo hoy día con todas las facilidades que hay para comunicarse. Por eso hablo de diálogo universal, de armonía universal, de encuentro universal. Y claro, el enemigo de esto es la guerra. Desde que terminó la Segunda Guerra Mundial hasta ahora hubo guerras en todos lados. Fue lo que me llevó a decir que estamos viviendo una guerra mundial a pedacitos.

Sus palabras deberían interpelar aún con más fuerza la conciencia planetaria por estas horas desde la mañana del sábado 7 de octubre en que la violencia entre Israel y Hamas escaló de manera inusitada.

El domingo 8, al final de la oración del Ángelus habló su dolor por el recrudecimiento de la guerra que enluta Tierra Santa: “Expreso mi cercanía a las familias de las víctimas, rezo por ellas y por todos los que están viviendo horas de terror y angustia. ¡Que los ataques y las armas se detengan, por favor!, y se comprenda que el terrorismo y la guerra no conducen a ninguna solución, sino sólo a la muerte y al sufrimiento de tantos inocentes”.
Tan sólo 72 horas después, en la audiencia semanal del miércoles 11, redobló su exhortación por la paz: “Quienes han sido atacados tienen derecho a defenderse, pero estoy muy preocupado por el asedio total en el que viven los palestinos de Gaza, donde hay también muchas víctimas inocentes. El terrorismo y los extremismos no contribuyen a lograr una solución al conflicto entre israelíes y palestinos, sino que alimentan el odio, la violencia y la venganza, y hacen sufrir a unos y otros.

– Francisco, ¿le quedan aún viajes importantes?

– Bueno sí, Argentina

– Claro.

– Me gustaría ir… Hablando de los más lejos, me queda Papúa Nueva Guinea. Pero alguno me decía que ya que voy a Argentina, haga escala en Río Gallegos, después el Polo Sur, aterrizar el Melbourne y visite Nueva Zelanda y Australia. Sería un poco largo.

¿Cómo planea sus viajes? ¿Cómo elige sus destinos?

– Llegan muchas invitaciones, hay todo un elenco de posibles viajes y algunos se imponen por sí mismos, por ejemplo el de Mongolia. Otros son más planeados, dentro de Europa, como el viaje a Hungría. Depende de cada caso. Siempre hay una invitación y después está la intuición del momento. No es algo automático, cada decisión es original, única.

– En sus visitas suelen mostrar propósitos, grandes temas a remarcar y mucha cercanía con los pueblos, coherente con su idea de que las transformaciones requieren del compromiso de los más poderosos, pero también de las individualidades. Cuando vemos fuerzas de ultraderecha que se expanden, cierta frustración o decepción ante a la política o un voto que las expresa, ¿cree que estas crisis son momentáneas o perdurables? ¿Qué se puede hacer para revertirlas?

La palabra crisis me gusta porque tiene movimiento interno. Pero de una crisis se sale para arriba, no se sale con enjuagues. Se sale para arriba y no se sale solo. Los que quieren salir solos convierten ese camino de salida en un laberinto, que siempre da vueltas y vueltas. La crisis es laberíntica. Además, las crisis hacen crecer: cuando está en crisis una persona, una familia, un país o una civilización. Porque si la resuelven bien, se creció.

Me preocupa cuando los problemas se encierran hacia adentro y no pueden salir. Una de las cosas que tenemos que enseñarles a los chicos y a las chicas es a manejar las crisis.  A resolver las crisis. Porque eso da madurez. Todos fuimos jóvenes sin experiencia y a veces los chicos y las chicas se aferran a milagros, a mesías, a que las cosas se resuelven de manera mesiánica. El Mesías es uno solo que nos salvó a todos. Los demás son todos payasos de mesianismo. Ninguno puede prometer la resolución de conflictos, si no es a través de las crisis saliendo hacia arriba. Y no solo. Pensemos cualquier tipo de crisis política, en un país que no sabe qué hacer, en Europa hay varios… ¿qué se hace? ¿Buscamos un mesías que venga a salvarnos de afuera? No. Busquemos dónde está el conflicto, agarrémoslo y resolvámoslo. Manejar los conflictos es una sabiduría. Pero sin conflictos no se va para adelante. 

Acceda a la charla completa en el video publicado.
Fuente: Télam Agencia de Noticias

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