La tecnología disponible puede ayudar al control considerando el ambiente y el bolsillo del productor.

El manejo de malezas es una esfera. Como la agronomía y todo sistema complejo. Cuando lo queremos poner en un plano lo arruinamos. Y mucho peor si lo ponemos en una línea. La Argentina 1990: las malezas nos venían ganando. Llegó la siembra directa y el glifosato para sencillamente aplacarlas, pero con mirada de plano, y una vez más vimos que, al buscar una solución sencilla a un problema complejo, el fracaso está asegurado.
La Argentina 2024: las malezas nos vienen ganando y volvimos a usar todos los herbicidas de 1990 y más. Hoy hay 328 especies de malezas resistentes al modo de acción ALS, 97 a triazinas, 57 a ACCasa, 51 a EPSP (glifosato), y la lista continúa.
Nombremos dos de las malezas más peligrosas en el mundo y en la Argentina: 1) raigrás (Lolium sp.). Existen 15 modos de acción diferentes que lo controlan y en la Argentina tenemos 11. 2) Yuyo colorado (Amaranthus sp.). En la Argentina y el mundo tenemos 11 MOA para controlarlo, descartando ALS y glifosato por el alto nivel de resistencia que ya tiene.

Usando adecuadamente esos herbicidas y sumando una adecuada rotación de cultivos que compiten con las malezas, el problema se amortigua y convivimos. Pero seguimos teniendo dos factores relevantes a atender: el ambiente y el bolsillo.
Ambiente y bolsillo
¿Podemos solucionarlo cuidando también el carbono sin tener que labrar suelo? Pues claro, con aplicaciones selectivas de herbicidas, leyendo malezas en tiempo real en barbecho, tecnología ya comprobada. E, incipientemente, leyendo adentro de los cultivos, o con aplicación variable por prescripción. ¿Y mañana? Además de herbicidas, las malezas serán controladas por agentes físicos, químicos o biológicos. ¿Por qué no se masifican las aplicaciones selectivas? Es caro, y hay que pensar más para usarlo.
Pero bien usado se paga en dos años. Lo ponemos en un plano con un ejemplo real: 20 metros de Weed it usados en 2021, 2022 y 2023, que en 1,7 años ya se había pagado con el ahorro de herbicidas. Y, más relevante, con los lotes más limpios que los campos vecinos. Y se logró con trabajo en equipo de la empresa CCA de Lobería, Mar y Sierras, sudeste de la provincia de Buenos Aires.

En promedio por año aplicaron 6500 hectáreas con ahorro anual de US$143.000 en herbicidas (ahorro 70%). Y el ejemplo se repite en las otras empresas con asesoradas por Agroestudio Viento Sur y del CREA Necochea Quequén. Y las malezas, de ser un problema que corta un plano, se perdieron en la esfera de la agronomía y el trabajo en equipo. Gracias, dijeron el ambiente y el bolsillo.
Agustín Bilbao: asesor de Agroestudio Viento Sur

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