A una década de la partida del influyente poeta argentino Juan Gelman, su poesía y biografía se entrelazan en la exploración de un tema recurrente en el género lírico y la literatura en general: la reflexión sobre la propia finitud, evidenciada en siete poemas que abordan de manera singular su despedida.


Gelman, sobre todo, fue leal a la poesía como acto transformador, como la búsqueda de una sociedad más humana y una manera de ampliar nuestra comprensión del mundo a través del diálogo universal. Como expresó Julio Cortázar en el prólogo de 1981 a su Poesía reunida, la lectura de la obra de Gelman implica mantenerse abierto, permitiendo que el significado entre por puertas distintas a las de la estructura sintáctica para descubrir la realidad exacta y literal del horror y la muerte, pero también de la esperanza que define a Argentina.
En su vasta obra poética, desde “Violín y otras cuestiones” hasta “Bajo la lluvia ajena”, destacó por su poesía neorrealista y la búsqueda de establecer una conexión genuina con el lector. Su poesía se distinguió por el uso deliberado del efecto de distanciamiento, rompiendo con la percepción automática de las cosas y los hechos.


La muerte tema recurrente
La muerte es un tema recurrente en la poesía, en general, y uno de los grandes tópicos que cruza toda la literatura; sin embargo, en Gelman aparece en siete poemas la idea de su propia muerte.
Para empezar, en “Referencias, Datos Personales”, el poeta reflexiona sobre la vida y la muerte como experiencias compartidas. Revela una profunda conexión con la humanidad y una esperanza que trasciende las fronteras individuales, típico de su compromiso. “En ustedes mi muerte termina de morir. / Años futuros que habremos preparado / conservarán mi dulce creencia en la ternura, / la asamblea del mundo será un niño reunido”.
También en “Lo que pasa” presenta una entrega total, final. “Yo te entregué mi sangre, mis sonidos, / mis manos, mi cabeza, / y lo que es más, mi soledad, la gran señora, …”; e incluye la entrega de su propia muerte a otra persona: “y más aún, te di mi muerte, / veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras, / y aún no puedo abarcarte, sigue creciendo como un fuego, / y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz”. Este poema muestra la complejidad de las relaciones humanas y cómo la muerte puede ser una parte de la conexión emocional entre individuos.
En La Situación, la dualidad entre la vida y la muerte se presenta como una paradoja. La muerte se convierte en vida al recibir a la persona amada, y la ambigüedad caracteriza la relación entre el poeta y su amor: “mi ansia de vos está ante vos / aunque no pase el muro de mis labios está ante vos / lejos de vos mi vida / es pura muerte / cuando te recibo / mi muerte es vida / no sé / cómo adorarte”.

La muerte y el dolor en la vida de Juan Gelman
Se entrelazan de manera trágica a partir de un evento devastador que marcó su existencia. El 26 de agosto de 1976, sus hijos Nora Eva, de 19 años, y Marcelo Ariel, de 20, junto con su nuera María Claudia Irureta Goyena, de 19 años y embarazada de siete meses, fueron secuestrados. La dictadura desapareció a su hijo, su hija y su nuera, junto con la nieta que nació en cautiverio.
La incertidumbre y el sufrimiento se agravaron en 1978, cuando a través de la Iglesia católica se enteró de que su nuera había dado a luz, sin proporcionar detalles sobre el lugar ni el sexo del bebé. Esta noticia fragmentada sumergió al poeta en una dolorosa búsqueda de respuestas y en la angustia de no saber el destino exacto de su nieta.
No fue hasta el 2000, al mes de asumir el nuevo presidente de Uruguay, Jorge Batlle, que la nieta, llamada Macarena, fue finalmente encontrada. La joven decidió adoptar los apellidos de sus verdaderos padres y eligió llamarse María Macarena Gelman García.

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