El artista plástico colombiano que revolucionó el arte en su país y en América toda, falleció esta semana en Mónaco. Las obras que donó y su relación con nuestro país, en la palabra de su amiga, Teresa Anchorena.

Fernando Botero en una de sus obras.

Si en Argentina hay una persona para quien la muerte de Fernando Botero no le es indiferente, ésa es Teresa Anchorena, quien habló con PERFIL sobre el artista colombiano que falleció en Mónaco a los 91 años.

Teresa Anchorena fue responsable de las dos únicas exposiciones de Botero, en Argentina.

¿Cómo  conoció a Fernando Botero?
—Lo conocí en Francia, en una Navidad. Durante un tiempo no nos vimos, pero pasaron los años y nos volvimos muy amigos, porque empezamos a hacer proyectos juntos, concretamente exposiciones. Yo le gestioné siete exposiciones, y dos fueron en Argentina, en el Museo Nacional de Bellas Artes. La primera en 1994, y se llamó Botero en Buenos Aires, conformada por cien obras monumentales. La segunda fue hace como diez años, y se tituló Botero, dibujos en tela y en papel, todos realizados entre los años 1973 y 2011. También hicimos juntos exposiciones en Montevideo, una en el Museo de Artes Visuales, y otra en el Museo Blanes; otra en San Pablo, en el MASP; y otra en Monterrey.

En el porteño Parque Thays, está Torso masculino, que Botero regaló a la Ciudad de Buenos Aires.

¿Usted gestionó para la Ciudad de Buenos Aires la obra “Torso masculino desnudo” que está en Parque Thays?.
—En realidad, Botero iba a venir a la muestra de 1994 pero finalmente no pudo, por un tema personal. Pero quedó fascinado por lo que estaba sucediendo en torno a esa muestra en el Bellas Artes. Las filas, la cobertura de los medios…Entonces pudo seguir muy de cerca el desarrollo de ea muestra y como agradecimiento le regaló a la Ciudad (de Buenos Aires, el Torso masculino.
—¿Si alguien no conoce su obra en general, qué puede decir de ella?
Botero tiene dos secretos en sus obras: por un lado, pintó su Medellín natal y con eso llegó a todo el mundo. Los personajes que pintó están inspirados en personas que conoció de chico. Es un Medellín que existía solamente en su memoria. En ese sentido, fue siempre fiel a sus orígenes. Y en simultáneo, el segundo secreto consiste en que la monumentalidad que él trabajaba, la halló en el arte latinoamericano, ya que en algunas cerámicas precolombinas puede verse que algunos troncos, algunos torsos son gordos y las extremidades son chicas. Entonces, en ese contraste entre lo grande y lo pequeño, pudo encontrar ese carácter monumental por el que su obra es tan identificable. Si una persona ve alguna vez una obra de Botero la va a reconocer siempre. El acceso a la obra de Botero es para todo el mundo, no solamente para los entendidos.

La dama reclinada, escultura de Botero que está en Paseo Aldrey, en Mar del Plata.

¿Podríamos decir que es un artista popular?
—Yo diría que la gente accede naturalmente y la disfruta.
—¿Alguna obra de Botero que destacaría?
—Hay una obra bellísima que está en Mar del Plata, en el Paseo Aldrey. Es muy bella, a él le gustaba mucho.
La obra a la que Teresa Anchorena hace referencia es La dama reclinada, está en Mar del Plata desde 2015. Para que esa escultura de Fernando Botero haya terminado en esa ciudad balnearia, ella tuvo también una participación. Fue quien viajó a Nueva York  con un el ex intendente de Mar del Plata Gustavo Pulti, y el arquitecto Mario Corea para reunirse con Botero porque querían que Mar del Plata tuviera una obra internacional. Al entusiasmo manifiesto del escultor, la faltaba la inyección monetaria que no podía salir del dinero público. Finalmente, Florencio Aldrey aportó lo necesario y por eso  La dama reclinada, se colocó en el Paseo Aldrey.

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