En la fina ecuación de los corrales influyen la histórica baja en el consumo de carne y también la expansión de la chicharrita del maíz. La eficiencia productiva se torna clave y presiona a todo el sector de cara al futuro.
El precio de la carne, la expansión de la chicharrita, el ingreso de divisas… el eslabón que está en medio de todas esas variables y que intenta surfear los vaivenes con manejo fino es el feedlot, que en pocas palabras busca transformar kilos de maíz en kilos de carne.


Pablo Grahmann hace cría, recría y terminación a corral en el centro de la provincia de Buenos Aires, entre las localidades de Olavarría y Bolívar. En total recría unos 7.000 terneros, de los cuales 4.000 terminan comiendo en los corrales entre noviembre y abril. Tiene un feedlot con capacidad para 6.000 cabezas en el que hace hotelería y engorde de animales propios, apuntando a exportar con la cuota 481 y también al consumo interno. Además hace agricultura y se autoabastece de maíz, del cual consume unas 14.000 toneladas por año.

“La rentabilidad del negocio viene mejorando. Hoy estamos en el orden del 3 por ciento mensual, con una ganancia de 50.000 pesos por cabeza, dependiendo obviamente de la compra y la venta. Hoy la situación compra/venta es negativa o en su defecto empardada, lo cual permite tener una ganancia en el feedlot, en el que el costo del kilo producido ronda los 1.800 pesos”, detalla el feedlotero.

Pablo Grahmann, empresario ganadero del centro de la provincia de Buenos Aires.Pablo Grahmann, empresario ganadero del centro de la provincia de Buenos Aires.
Fernando Storni, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), coincide en afirmar que hoy la ecuación de la actividad es algo mejor a la del año pasado por una relación compra venta más conveniente, pero plantea algunas dudas de cara a los próximos meses. “La baja del precio del maíz arroja una relación un poco más favorable, pero el costo de alimentación no tiene que ver solo con el maíz sino también con la logística de transporte, empleados, combustible y reparaciones, que en estos meses tuvieron subas”, afirma, y agrega que una preocupación hacia adelante es el impacto que tendrá la expansión de spiroplasma en la cosecha y disponibilidad del cereal.

Por su parte Grahmann dice que tras el salto que dieron en dólares, los insumos como repuestos y reparaciones parecen estar “amesetándose” o a la baja, pero remarca que hay otros costos como los sueldos o el maíz que pueden mostrar subas. “La chicharrita claramente va a restringir la oferta del principal insumo del feedlot, lo cual genera un gran interrogante. Hoy todas las empresas agropecuarias tienen que tener muy aceitados todos los costos internos, buscar la máxima eficiencia en la producción”, dice.

En este contexto, según el relevamiento de la CAF, el porcentaje de ocupación de los corrales es del 65 por ciento. “La ocupación está en crecimiento porque estamos en fase de llenado de corrales, pero en comparación con el año pasado hay un 6 por ciento menos de hacienda en los corrales. Esto tiene que ver con una normalización de los movimientos después de la sequía”, explica Storni, y afirma que aun quedan por delante un par de meses en los que habrá oferta de hacienda restringida, con un panorama de demanda también limitado que no termina de traccionar sobre los precios. “Vemos cierta quietud y una valorización exclusiva de los lotes de calidad, en meses que generalmente son de recomposición de valor”, advierte.

De todos modos, en este contexto incierto y desafiante, Grahmann se muestra optimista y afirma que el negocio parece atractivo, aunque aclara que dependerá del margen que se les de para crecer a los proyectos de exportación, ya que por la crisis económica, el promedio de consumo de carne en el mercado local está a la baja y rondó los 42 kilos por persona anualizados los últimos meses.

“Esos son los desafíos que hoy tenemos en la cabeza los feedloteros para que la situación siga siendo rentable. Cuesta trasladar todo el profesionalismo y dedicación que hay a un producto que hoy parecería estar en un techo de demanda por lo que vale en el mercado internacional y por lo que puede pagar el consumidor local. Hay que ser cuidadosos y ser conscientes con las compras, no salir a comprar terneros porque sí”, dijo.

Desafíos de mediano plazo
Con la mirada un poco más lejos, más allá de los retos que presenta la coyuntura, el sector engordador profesional, tanto de hotelería como de hacienda propia, necesita aggiornar algunas herramientas tecnológicas que están disponibles en el mundo pero que no se aplican en la Argentina, afirma el empresario del sector Juan Eiras, y pone como ejemplo las vacunas para el complejo respiratorio bovino llamado neumonía.

“En el mundo hace más de 20 años se utiliza la vacuna que es con virus vivo atenuado, como la mayoría de las vacunas efectivas que se usan en vacunos y en otras especies, en la Argentina y en humanos. Mientras tanto nosotros estamos manejando vacunas a virus muerto de bajísima eficiencia dentro de un sistema intensivo. Eso es una materia pendiente que tienen el Senasa y la Secretaría Agricultura, volver a ese camino de tecnologías que están probadas y se utilizan en todos los países ganaderos importantes del mundo”, explica, y menciona en la misma línea a los promotores de crecimiento, que están aprobados por la Organización Mundial de la Salud y que pueden ser segregados con trazabilidad para la exportación a los países que no los quieren.
La otra asignatura pendiente que menciona Eiras es la trazabilidad electrónica y obligatoria, que va de la mano con la tipificación. “El feedlot necesita de una vez por todas tener una tipificación para poder vender nuestros novillos y vaquillonas por calidad y no simplemente por una apreciación subjetiva, como la tienen los países que participan del negocio de la carne en términos serios, con un pago por mérito. Mérito es área de ojo de bife, mérito de marmoleado interno de los cortes… Tenemos que ir a situaciones donde se pueda tipificar y pagar por calidad, y ni hablar en la exportación”, describe, y respecto de la exportación agrega que es necesario que todo el sector y el Gobierno siga trabajando para la apertura de nuevos mercados. “Hay una demanda insatisfecha y disponible para colocar cortes de calidad, como por ejemplo en Corea y Japón”, afirma.

Por último, el empresario remarca la importancia de reducir la informalidad en el sector, tanto en el eslabón productivo como en la industria frigorífica y en el sector comercial, un reclamo que de tanto oírse a lo largo de los años, ya casi no se escucha.

Clarin Rural.

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