En el campo se está produciendo la reversión del ciclo del 2023: pasada la sequía, se recompone el stock vacuno y habrá menos faena, al menos un semestre.

Si se considera al precio de la carne como un indicador que adelanta el nivel de inflación, entonces es probable que el dato del IPC que se dará a conocer esta semana marque un máximo de dos décadas, porque en las estimaciones preliminares de diciembre acumuló una suba de 41,2%.

Se trata de un rubro que tiene una alta ponderación en la canasta de bienes y servicios del Indec. Y por eso, de su variación depende, en buena medida, la cifra que finalmente arrojará el rubro de alimentos y bebidas, y el promedio del IPC.

En la medición que semanalmente realiza la consultora LCG para los productos de la canasta alimentaria, la carne tuvo un crecimiento explosivo en diciembre, superando al promedio de los alimentos -un acumulado de 35,4% en el último mes del año-.

Lo que sorprendió a los expertos del área es el hecho de que, pese a semejante disparada de precios, se mantuvo relativamente estable el nivel de consumo por parte del mercado interno, que prefirió relegar otros rubros para no bajar drásticamente su ingesta de carne vacuna. Lo cual, claro no significa que vean margen como para que se siga convalidando un sendero ascendente en las carnicerías.

«El consumo, en medio de la crisis, viene mostrando una firmeza notable, con una disminución porcentual de la ingesta bien inferior al aumento registrado en términos porcentuales en los precios reales al mostrador. Un caso de marcada inelasticidad de la demanda», apunta el influyente consultor Ignacio Iriarte.

El nivel de consumo a fin de año, según el último dato publicado por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (Ciccra) fue de 53,4 kilos anuales por habitante. Lo cual, si bien implica una mejora respecto del mínimo récord registrado en 2021 -cuando se tocó el piso de 48,6 kilos- todavía representa un número bien alejado del promedio histórico.

¿En qué situación está ahora la carne?

A juzgar por los primeros números del año, enero podría ser un mes con menores aumentos: en la primera semana, los precios en las carnicerías volvieron a registrar variaciones levemente menores al promedio de los alimentos: un 4,4% contra 4,6%, según la medición de LCG.

Por cierto que no alcanza para afirmar que se trate de un quiebre de tendencia, pero se trata de un cambio respecto de la tónica de diciembre, cuando la carne se había transformado en uno de los principales impulsores de la inflación.

Un semestre de oferta baja de carne

Estos datos de relativa normalización no deben inducir a error sobre lo que se espera para los primeros meses del año. La visión de los expertos es que la oferta de carne se seguirá reduciendo, lo cual no deja margen para una moderación de los precios.

Pero al mismo tiempo, no está claro que, en la situación actual de la economía, y con salarios deprimidos, la demanda pueda seguir convalidando incrementos por encima del promedio inflacionario. De hecho, el presidente de Ciccra, Miguel Schiariti, había manifestado sobre fin de año su convicción de que ya se había llegado a un tope: «los precios se van a acomodar a la baja en las carnicerías y esta baja se va a mantener durante todo enero, tal vez, parte de febrero».

En definitiva, hay sospechas de que puede verificarse una pérdida de volumen, por una contracción tanto de producción como de consumo.

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